El martirio de San Bartolomé

Con esta sorpresa se han encontrado los restauradores Carlos Sánchez Távora y Regla Rossiñol, un cuadro del barroco obra del pintor sevillano Juan del Valdés Leal. En la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Segura de León, se estaba llevando a cabo un proceso de restauración de las pinturas cuando se descubrió el sorprendente hallazgo. El cuadro llegó a su taller después de muchos años de brega. Los encargados de restaurar el cuadro afirman que siempre les había llamado la atención pero al estar tan alterado y oscuro no se habían percatado, el destino les tenía preparada una grata sorpresa profesional.

Aprovechando las obras del retablo mayor, Carlos Sánchez Távora  le hizo unas fotos para examinarlo detenidamente desde otra perspectiva. Al observarlo con luz natural, comenzó a intuir lo que vendría después; de vuelta al taller empezó a devorar libros y propuso restaurar aquel cuadro, del que sólo sabíamos que había llegado a la parroquia procedente del convento exclaustrado de Fátima, relataba Sánchez Távora.

Sánchez de Távora, para asegurarse de que estaba en lo cierto, y que el cuadro era un autentico Valdés Leal, envió las fotos a Juan Luis Coto, un auténtico especialista en la restauración de la obra de este pintor, no tuvo ninguna duda. El cuadro había salido de la mano del genial pintor barroco. El propio Coto reenvió esas fotos al historiador e investigador Enrique Valdivieso, posiblemente la mayor autoridad en pintura sevillana de la actualidad. Según precisa Carlos Sánchez Távora, Valdivieso tampoco vaciló.

Fernando Agudo el párroco del pueblo, acogió de buen agrado la idea de restaurarla, y la obra fue trasladada a Sevilla, donde se ha llevado a cabo el proceso de restauración.

El cronista de Segura de León, Andrés Oyola, aclaraba que el cuadro fue trasladado a pulso en los años cincuenta, siendo párroco D. José Reseco, por los entonces monaguillos Luis Zambrano y Senén. A mano lo llevaron de la iglesia de Fátima a la parroquia, según me dijo el propio Luis. Debió ser el motivo principal del desaparecido altar de San Bartolomé, que era uno de los de la iglesia del convento concepcionista, hoy Iglesia de Fátima. Una maravilla más de nuestro patrimonio local. Solo debemos añadir y aclarar que Segura no pertenecía a la Archidiócesis de Sevilla en el momento en el que se encargó y pintó el cuadro, como dice el articulista de El Correo. Era territorio del Priorato santiaguista de San Marcos de León.

Los habitantes de este pueblo extremeño están admirados con la noticia del descubrimiento de esta obra de arte de la época barroca, realizada por uno de los máximos representantes de la pintura barroca en España. Un vecino del pueblo le dedica un soneto a su autor en un el grupo “Segureños por el Facebook”  de la red social.

SONETO A VALDÉS LEAL

A ti, Juan Valdés Leal, agradecido,
gran maestro del Barroco sevillano,
autor de grandes cuadros y grabados
y coetáneo y paisano de Murillo.

Que tuyo, un Valdés Leal desconocido,
lleve así entre nosotros tantos años
y se esfumara ya el anonimato,
nos tiene gratamente sorprendidos.

Y al Cristo, cómo no, que este regalo
enriquece con ello a nuestro pueblo,
que tus sombras, tus luces y matices
señalan a Segura como un faro,
mejorando la marca segureño,
haciéndonos un poco más felices.

valdes-leal-segura

Fuentes:
Andrés Oyola Fabián, Cronista Oficial de Segura de León

La matanza extremeña

Con la llegada del frio, los pueblos extremeños se preparan para dar la bienvenida a la matanza extremeña. Esta tradición se lleva a cabo en invierno, para la conservación y el curado de los embutidos y la carne.

La dehesa extremeña, patrimonio del mejor jamón, es un gran ecosistema bien conservado de casi un millón de hectáreas. Por ella, campea a sus anchas el cerdo ibérico, nutriéndose de las bellotas que les proporcionan las encimas y ejercitando por la sierra las patas, que darán lugar al tradicional jamón ibérico de bellota. Pobladas de encinas y alcornoques,  hábitat del cerdo ibérico, que permanece en montanera, pastando en libertad bellotas y hierbas silvestres, desde octubre hasta el comienzo de la primavera.

La matanza del cerdo es el procedimiento habitual de sacrificio del  cerdo, que tiene como finalidad aprovechar su carne para proveer los  embutidos necesarios a la familia a lo largo de todo un año. Es una costumbre popular existente en diversos países europeos, generalizada desde tiempos remotos, y realizada de forma artesanal, con diversas peculiaridades en función del lugar en que se celebra. No se conoce su origen con exactitud, pero se sabe que los antiguos pueblos celtas de Europa ya la realizaban.

Al acercarse el mes de marzo, cuando llegaba la primavera a la península ibérica,  se empezaba la negociación en los mercados de ganado para la compra de uno o varios cerdos para la matanza, que deberían ser sacrificados entre los meses de diciembre o enero. De esta forma el engorde del cerdo empezaba siempre nueve o diez meses antes del día su matanza.

El día antes del acontecimiento comienzan los preparativos, todos los utensilios necesarios como cuchillos, baños, máquina de llenar los embutidos, las cuerdas, los calderos y demás elementos necesarios para este ancestral rito tienen que estar listos, porque al día siguiente la matanza comenzará con los primeros rayos de sol.

A primera hora de la mañana, se procede al sacrificio del cerdo, una persona es la encargada de recoger la sangre del animal, la que posteriormente se empleará para realizar las famosas morcillas. Cuando el cerdo está limpio, se procede al despiece, en esta fase se separa la carne que va a ser destinada a cada uno de los productos ibéricos que se obtienen del animal.

La matanza suelo durar dos días, el primer día se dedica a separar la carne y trocearla, al final de día la carne ya aliñada se dejar reposar en las artesas durante toda la noche; también se aprovecha el día para hacer torreznos y manteca. Exceptuando las morcillas, los demás embutidos se llenan a lo largo del segundo día.

Esta costumbre va acompañada de tradiciones y gastronomía que la acompañan desde sus inicios. Es habitual desayunar migas, comer cocido de garbanzos y acompañar al café de dulces típicos como los gañotes o rosquillas de leche.

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El jabón artesanal

El jabón es un producto tan antiguo como la necesidad del ser humano de asearse. En su origen los jabones no sólo tenían fines higiénicos, sino que también se concebían como bálsamos dedicados a paliar dolores o relajar el cuerpo. Aunque hay que tener en cuenta, que lo que hoy consideramos como jabón, dista bastante del jabón que se empleó en la antigüedad o en épocas más recientes como la Edad Media o la Edad Moderna.

Los jabones naturales artesanos están compuestos de grasas animales o aceites como el de oliva, mezclados con una sustancia ácida como por ejemplo la sosa.

El origen del nombre jabón es muy posterior al producto en sí. Según la leyenda romana, fue en la ladera de este monte donde se produjo la reacción química de saponificación, es decir, se unió el agua procedente de las lluvias, con las cenizas y las grasas procedentes de sacrificios rituales de animales, dando origen al jabón. Existe otra teoría que afirma que el origen del nombre procede de la ciudad de Savona, situada cerca de Génova en Italia, donde se elaboró el primer jabón sólido.

No se puede fijar con seguridad cual fue el origen del jabón, sin embargo, sí que pueden rastrearse sus orígenes. La primera fuente testimonial que hace referencia a un producto similar al jabón data del III milenio antes de nuestra Era, en la antigua Mesopotamia. Concretamente en la región de Sumer, aparecieron unas tablillas de arcilla que mencionan la mezcla consistente en hervir aceites con óxidos, potasio, soda, resinas y sal.

La industria del jabón prosperó en las ciudades costeras del Mediterráneo, como España e Italia, favorecidas por la abundante presencia del aceite de oliva.

Al igual que la historia, las tradiciones también son cíclicas. Todo vuelve y se repite, y esta tradición de hacer el jabón artesanal ha vuelto a resurgir. Su receta fácil, sus excelentes resultados y su económica elaboración hacen que cada vez más personas se dediquen a su elaboración artesanal en casa.

Es un producto con numerosas ventajas, entre otras, que está elaborado con productos reciclados, el aceite de oliva usado, agua y sosa caustica son suficientes para obtener el jabón artesanal. Además, se puede presentar de dos formas distintas, tanto jabón líquido como sólido.

Desde los años 30 del siglo XX, el jabón tradicional ha tenido que competir con los tensioactivos sintéticos que se utilizan hoy en día en los detergentes, productos de limpieza, jabones y champús. Actualmente, la tendencia a volver a recuperar los productos naturales hace que el jabón artesano recupere su espacio.

Fuentes:

http://www.sabor-artesano.com/jabon-artesano-aceite.htm

El viejo arte del corcho

Uno de los usos más difundidos del corcho son los tapones de las botellas de vino. Hoy día, el reciclaje nos aporta muchas más posibilidades para crear productos nuevos, innovadores y originales.

Pero para saber cuál es el origen de este noble y maleable material debemos remontarnos al portador del corcho, el alcornoque. El corcho forma la corteza del alcornoque, protegiéndolo de las condiciones extremas del clima mediterráneo, como la sequía, las altas temperaturas estivales y los incendios.

El corcho es un material extraordinario de propiedades únicas. Su producción no produce ninguna contaminación ni perjuicio al ecosistema del que se extrae, ya que se obtiene por descortezamiento del alcornoque. La cosecha del corcho se efectúa como muy pronto cada nueve años y  este no vale para tapones hasta el tercer descorche.

La cosecha del corcho y el resto de las actividades que se desarrollan en el alcornocal, como la ganadería, la producción de derivados del cerdo ibérico o la recogida de setas, han modelado las sociedades de estos parajes extremeños que mantienen sus usos tradicionales y  antiguos.

El descorche de una botella produce un sonido evocador. Este ruido lo asociamos a celebraciones, momentos solemnes o institucionales, escenas festivas, románticas o familiares. Sin embargo, un gesto a priori, tan insignificante que tan solo dura unos segundos supone el final de un proceso iniciado muchos años antes en los alcornocales de los campos extremeños y españoles.

Este es uno de los muchos usos que le damos al corcho, entre ellos está también el arte y la artesanía. En la época en la que vivimos, en la que todo se recicla, con la reutilización de los materiales se enciende el motor de la creatividad de muchos artistas y artesanos.

Desde los tapones, el uso más habitual del corcho hasta grandes obras de arte, pasando por el mobiliario y pequeños detalles artesanales son algunos de los usos que se le dan a esta materia prima tan diversa.

Scott Gundersen es profesor de arte en Michigan. Durante un viaje por África, se dio cuenta del valor que tienen cosas sencillas consideradas por nosotros como basura. Sus amigos africanos atesoraban objetos que los estadounidenses  descartan habitualmente, y eran usados para crear juguetes y herramientas. Tras regresar a Michigan, Gundersen se planteó la forma en que podría reutilizar la basura, transformándola en arte.  Es un artista en la onda de reutilización de este material. Aquellas ideas se convirtieron en obras de grandes proporciones. Con al menos nueve mil corchos de diferentes tonos, según el tipo de vino, Gundersen crea retratos tan exactos como los pintados con pincel.

scott gundersen

Un uso más modesto y artesano le dan algunos vecinos de Segura de León a este material, como pequeñas cestas, fiambreras y pitilleras. Un arte milenario en el que se han sabido traspasar los conocimientos generación tras generación. Con el fin de que este saber no se pierda.

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Fuentes:
http://vidaefectiva.com.ve/el-arte-del-corcho-v22640e/
http://www.raffercor.com/doc/es-el_corcho.pdf

La talabartería

La talabartería es el arte de fabricar los artículos de cuero que se emplean en las caballerías, es decir, todo los artículos relacionados con los caballos. En algunas ocasiones, también se utiliza el término para denominar al trabajo artesanal que se hace con el cuero. En la actualidad, la talabartería se refiere a todos los artículos relacionados con la equitación.

Este es otro oficio que está en nuestro patrimonio cultural como legado que nos ha dejado el hombre a lo largo de nuestra historia, y que en tiempos pasado fueron heredados de nuestros ancestros. En la actualidad, por razones evidentes, las nuevas generaciones no conservan estos oficios tradicionales porque prácticamente casi todos han caído en desuso, por ello, una manera de llegar hasta ellos es extraerlos de la memoria colectiva de los pueblos que todavía conservan algunos de ellos.

Los talabarteros actuales se dedican hacer todo los accesorios necesarios para equipar a los caballos. Uno de los artículos más comunes son las monturas o sillas para montar. Las primeras monturas eran bastante incomodas para los estándares actuales, consistían en poner paños de cuero sobre el lomo del animal. Estas monturas aparecieron hace unos cuatro mil años, y su función era crear una amortiguación entre el jinete y el caballo cuando se hacían largos recorridos o en las batallas. Con el tiempo, estas simples telas de cuero se fueron volviendo más elaboradas. Y en el año setecientos antes de Cristo los guerreros asirios ya cabalgaban con monturas más elaboradas e incluso decoradas.

En Extremadura aún se conservan estos artesanos que se dedican a realizar a mano monturas para las caballerías. Eusebio Vázquez es el padre una familia dedicada a la guarnicionería artesana y la talabartería. Sus hijos han seguido con este oficio tradicional y se han convertido en una empresa emprendedora en indagadora  en todo lo que es típico en este mundo del caballo. También se dedican a la guarnicionería, le han dado un complemento perfecto con la fabricación de sus propias lonas y lonetas que elaboran en su fábrica.

Nuestro ritmo acelerado de vida en las ciudades por un lado,  y el modelo económico que tenemos por otro, parecen ser incompatibles con los oficios tradicionales. Esta profesión ha caído en desuso por las circunstancias de los tiempos modernos, ya que  no existen caballerías como antiguamente. Aunque se sigue manteniendo gracias a los aficionados al mundo del caballo y la hípica.

 

Fuentes:
http://www.extremadurartesana.com/index.php?option=com_sobi2&sobi2Task=sobi2Details&catid=24&sobi2Id=94&Itemid=152

El artesano del mimbre

La cestería es otra de las actividades artesanas que aunque aún no se han extinguido completamente, tienen sus días contados. Este tipo de artesanía casi tan antigua como la propia humanidad, se ha ido dando en todas las civilizaciones, pero que actualmente con los avances tecnológicos su luz se va apagando poco a poco. Por ello, las personas amantes de los trabajos artesanos son las únicas que mantienen todavía a las pocas personas que se dedican a estos oficios, los artesanos.

jose median cesta

La cestería, como todas las manualidades artesanales, está muy ligada al mundo rural. Se trataba de un arte orientado al consumo doméstico, con lo cual,  su finalidad era buscar la funcionalidad del producto. Se hacían estos objetos para el uso doméstico. En la actualidad, como sucede con la mayoría de los trabajos artesanales, se convierte en un bien preciado un objeto de lujo, con una finalidad básicamente ornamental.

Los materiales con los que se trabajan son muy diversos. Normalmente se utilizan el castaño, el afollado, el mimbre y la caña se suelen utilizar para los trabajos más duros al ser materiales muy resistentes. Mientras que la paja de centeno y el codeso se utilizan más en la cestería fina, donde la importancia está más en lo decorativo que en el sentido práctico.

jose medina

Existen varios tipos de cestas dependiendo del material que se utilice para su elaboración. Hay gran variedad de cestos elaborados con paja, a este tipo se les denomina los balayos o costureros, es un cesta de paja, redonda y de escasa altura y con la boca más ancha que la base. Los cestos de vara son otro tipo, la dureza de la vara permite elaborar trabajos muy resistentes como cestos de mano, canastas, cestos de pan o de ropa y espuertas o serones. Y la más común que es la cestería de caña y mimbre, que trabajan con el junco de forma tradicional.  José Medina, un vecino de la localidad extremeña de Segura de León, dedica parte de su tiempo a realizar estas cestas de varas de olivo y cestos decorativos.

jose

Fuentes:
http://variasmanualidades.files.wordpress.com/2009/03/el-arte-cesteria-14240.pdf

Los silleros

Hace ya unos años, cuando todavía no se habían instalado en nuestros hogares las sillas de diseño, el oficio de sillero o enredador gozaba de considerable popularidad. Entonces mucha gente conocía los secretos de la enea, materia prima que aderezada con una gran habilidad manual, conferían su impronta a este trabajo.

La madera de pino, hojas de enea curadas y alguna rudimentaria herramienta eran suficientes materiales para elaborar estas sillas artesanas. La enea es hierba perenne provista de rizomas que puede alcanzar hasta los dos metros de altura. Se la conoce también con los nombres de enea, espadaña o puros.  Esta hierba florece de julio a noviembre y sus flores son poco vistosas individualmente. El nombre de “Puros” deriva  de la agrupación en inflorescencias de forma cilíndrica y color marrón en la parte terminal de los tallos y de ellas. La enea crece en aguas poco profundas, tranquilas, dulce y ricas en nutrientes, por lo que es habitual verlas en las orillas de los ríos. Esta planta es normalmente utilizada para la fabricación de asientos de sillas y para la elaboración de cestas.

recogida enea

La enea es recogida cuando aún está verde, y se extienden para dejarlas secar y se anudadas en haces. Esta maniobra duraba bastante tiempo, ya que había que dar vueltas a los haces y frecuentemente abrirlos para que se secara bien la enea. Una vez seca, las manos del sillero eran las encargadas de dar forma, entrelazar y trenzar la enea para crear la silla. El sillero va entrelazando con maestría las hojas de enea que va humedeciendo con agua para darle la flexibilidad que han perdido durante el secado y proveer de consistencia al asiento. La presencia de estas humildes sillas de enea va quedando sólo de manera testimonial en algunas casas rurales o en los tablaos flamencos.

secado enea

El sillero también es una figura del artesanado de la región extremeña, el hacedor de un mueble histórico, cuya finalidad es servir de asiento a una sola persona. En esta localidad de sur oeste de Extremadura, Segura de León, aún se conserva este antiguo oficio, sin embargo, sólo es una persona la que se dedica a este oficio y  por motivos de la edad, pronto desaparecerá también aquí este viejo trabajo.

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Fuentes:
http://alkonetara.org/image/tid/307
http://chiringote.mforos.com/1714721/8525243-aquellos-oficios-trapero-sillero/

La siembra, la siega y la trilla

Cuando comienza el mes de septiembre, los hombres del pueblo ya están impacientes por iniciar esas labores de siembra de invierno. Hay que aprovechar la sazón y la buena disposición en la que se encuentra la tierra para las sementeras y la siembra. Aunque da igual, porque si no hay tempero, es decir, si la tierra no está en buena disposición, el terreno ha salido del verano en óptimas condiciones para comenzar a esparcir por él el grano, para que comience a germinar pronto y le cojan con fuerza los primeros fríos si llegan; o si no, hay que arriesgar también, si el verano dejó los campos como tristes desiertos a fuerza de tanta sequía. Con frecuencia, da buenos resultados la aventura de sembrar en seco, ya que luego vendrán las lluvias benefactoras. Si no se pudiera sembrar ahora, los labriegos cargados de paciencia y resignación quedarán esos campos a la espera de mejores tiempos, mientras se sembrarán especies de ciclo corto. El tiempo y la vida enseñó a estos trabajadores, que a buen seguro, no quedará trozo que no de su fruto al sufrido labrador. Así en estos días de septiembre u octubre, ya está el labriego con su yunta, par de bueyes o mulas, bien preparada y con ánimos, aunque no todos recuperados del durísimo trabajo de la era. Pero por otro lado, el hombre, con su alforja bien surtida de ilusión y granos robustos portadores de esperanza que caerán sobre una tierra siempre receptiva y tan generosa como puede, que pagará con gracia a quienes esperan su fecundidad. Cuando el hombre tiene ya preparada la tierra, se permite el lujo de esparcir la semilla con cariño y energía. Sujeto a la esteva del arado, el labriego va haciendo camino hacia adelante y hacia atrás concluye su día de siembra.

A la hora de la siega, el hombre del campo mira hacia el cielo, al atisbo de síntomas premonitorios de fenómenos que puedan perturbar la emocionante marcha de sus cosechas. Mira el labriego sus tesoros, el fruto de sus manos ya diligente. Las mismas lomas que peinaba y recorría en otoño lucen en el caluroso verano su madurez, listos para emprender lo que les llevará  a su holocausto final. Toca cimbrar la espalda para la disposición de la siega. La hoz se impone entre el trigo, la cebada o la avena dando cortes secos, haciéndose el hombre con el fruto de su esperada cosecha.

1960 SIEGA (2)

Esta labor que comenzó sembrando unas semillas, que las cultivó hasta su recogida con la siega termina con la trilla. Si el tiempo se comporta y se deshace la niebla, dando lugar a un día caluroso se puede empezar con la última fase esta faena. La trilla es el procedimiento que se realiza tras la siembra y la siega y que consiste en separar el grano de trigo o cebada de la paja. En la era, lugar donde se extiende la mies, la yunta da vueltas y vueltas, atentos al bocado de las mejores espigas y mirando de reojo al que monta el trillo y al crujir de la zurriaga, más atentos a eso que al verdadero cometido de girar deprisa para terminar cuanto antes su labor. Apenas aplanada un poco la mies, hay que deshacer bien las gravillas que se aireen y vayan cayendo al suelo los primeros granos y la paja que aísle pronto la humedad del suelo. Este trabajo requiere mimo y atención. Hay que procurar que no se pierda ni un grano, se barre una y otra vez las orillas de la parva y se recogen las espigas lanzándolas al paso del trillo. Se cubren las calvas de la parva donde rasca el trillo y que las pisadas de yunta no hagan harina con los granos. Para finalizar, se hace la separación de la paja y el grano y se limpia.

trilla 1

En la actualidad, esto es un oficio desaparecido, las nuevas tecnologías, los nuevos transportes y las novedades en las herramientas de trabajo hacen cada vez la vida más cómoda y menos trabajosa, con lo que estos oficios han sido sustituidos y ya no se realizan de forma manual, sino con máquinas especializadas.  Sólo nos queda el recuerdo que muchas localidades hacen como homenaje a esta labor.

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Fuentes:

(http://www.bezas.org/jsv/JS_05.pdf)

El encaje de bolillos

En encaje de bolillos es una técnica de encaje textil que consiste en entretejer hilos que primeramente están enrollados en los bolillos, bobinas que contienen el hilo para maniobrar mejor. El mundillo, es la almohadilla sobre la que se va realizando el bordado, el lugar de los alfileres normalmente viene determinado por un patrón de agujeritos en la estructura almohadillada. El uso de este encaje tiene su máximo esplendor en el siglo XVII, como se refleja por ejemplo en algunas obras de Velázquez y en la moda de la época.

Esta labor se remonta a los siglos XV y XVI. Su origen está muy discutido, no se conoce a ciencia cierta de donde procede exactamente esta laboriosa técnica de bordados, aunque hay indicios de que llegaron a España con los flamencos de los Países Bajos y Carlos I. Lo cierto, es que este tipo de encaje ha estado siempre muy presente en toda la cultura occidental.

El encaje auténtico no aparece hasta el renacimiento; es entonces cuando surgen el encaje a la aguja, que se cree originario de Italia, y el encaje de bolillos, probablemente originario de Flandes. Ambos datan de mediados del siglo XVI. Al parecer los encajes españoles son de origen árabe. Los primeros se hicieron a la aguja, técnica que pasaron a los Países Bajos durante la dominación española; a cambio aprendieron de los holandeses la técnica del encaje de bolillos. El encaje se convirtió en un artículo de lujo de gran demanda, en parte debido a sus diseños geométricos claramente definidos, muy al gusto renacentista. La nobleza era una fiel clienta de los encajes, había una gran demanda de este arte.

bolillos

En el siglo XVII, este arte se vio amenazado por la aparición de máquinas capaces de reproducir sus modelos. A pesar de esto, no fue capaz de acabar con él ni tampoco sustituirlo, ninguna máquina era capaz de recrear fielmente lo que las mujeres podían tejer con sus manos y los bolillos. Hoy día, esta labor es algo muy valorado, su dificultad hace que no todo el mundo tenga la destreza para poder aprenderlo y saber hacerlo bien, también al tratarse de una labor muy antigua no quedan muchas personas que se dediquen a la enseñanza del encaje. Como muchas tradiciones en los pueblos, ha pasado de madres a hijas, pero el poco tiempo libre y la cantidad de opciones de ocio que hay en la actualidad han hecho que prácticamente se pierda esta bonita labor.

Esta técnica también se ha cultivado en otros países como Alemania, que ha destacado en la publicación de libros de patrones. Desde el principio, se imprimieron  numerosos conjuntos de libros y de patrones. En Austria, eran grandes consumidores de géneros textiles, así como, de de bordados de gran calidad, ya que los estamentos de poder tenían que hacerse notar. De este modo, en Austria se creó en el año 1879 la escuela de bolilleras austrohúngara. Brujas cultivó el arte del encaje como nadie. El de Brujas era el punto “del hada”, el más delicado. Lástima que hoy muy pocos son capaces de realizarlo, además, es muy difícil encontrar materiales tan finos. Italia, Inglaterra o Grecia, entre otros, del mismo modo  han sido pioneros y han trabajado esta curiosa labor.

Fuentes:
http://www.encajedebolillos.es/
http://es.wikipedia.org/wiki/Encaje_de_bolillos
http://mayores.uji.es/proyectos/proyectos2006/Encajeculturatradicion.pdf

El oficio del carbonero. Proceso de elaboración del carbón vegetal

El carbón vegetal es un mineral sólido, ligero, muy combustible y negro, que resulta a partir de la destilación o de la combustión incompleta de la leña u otros cuerpos orgánicos. Sus cualidades dependerán, en gran medida, de la madera que se utilice como base. La temporada alta para elaborar esta materia son los meses de julio y agosto, cuando la meteorología de la zona asegura, convencionalmente, un tiempo seco para impedir que la lluvia pueda «aguar» el procedimiento.

El oficio del carbonero es un trabajo casi desaparecido, actualmente quedan muy pocas personas que se dedican a esta dura tarea. Antes de que salga el sol, el carbonero ya trastea el campo. Ante sus ojos, todavía en penumbra, se almacenan montones de leña de encina que los trabajadores han ido disponiendo con la aplicación de un castor y el orden preciso de un cocinero japonés.

En Segura de León, un pequeño pueblo del sur oeste de Extremadura,  todavía se conservan algunas carboneras en las que los artesanos del carbón fabrican este producto artesano. Este lugar donde la dehesa repleta de alcornoques y encinas contrasta con las sierras, es un lugar ideal para la elaboración del carbón vegetal. Los propios carboneros definen este trabajo como duro, pesado y sobre todo sucio.

La encina y el alcornoque son la materia prima del carbón vegetal. Cada año, sobre el mes de marzo comienza un proceso denominado “la limpia”, este proceso consiste en talar el árbol. A las ramas que se obtienen de la tala se les quitan las ramillas pequeñas que no tienen valor, y de ahí se sacan maderos  a los que se denominan leña, la cual, posteriormente se convertirá en carbón. Los trabajadores ataviados con sus herramientas de trabajo, una motosierra para talar las encinas y alcornoques  y una escalera para poder subirse a los árboles, se disponen a comenzar su tarea, la primera fase de un largo y arduo período. Los carboneros se suben hasta la copa de los árboles para talar las ramas sobrantes y limpiarlos. Las ramas caídas se denominan taramas, y serán limpiadas posteriormente para dejar la leña limpia. Una vez que se ha destaramado, hay que trocear la leña con una motosierra para luego ser amontonada y cargada en un remolque, para llevarla hasta el horno de carbón. Un trabajador carga la leña en las pinzas del tractor y la deposita en el remolque, mientras otros la van colocando de forma ordenada en éste. La leña de mayor tamaño, o leños como se denominan comúnmente, se ubican estratégicamente en los extremos superiores, para evitar que la leña más pequeña pueda desplomarse.

Antes de depositar la leña en el horno de carbón, hay que prepararlo. Los hornos son unas construcciones de ladrillo con forma rectangular. Tanto el techo como la puerta del horno son de metal, y son movibles, es decir, se quitan para llenar y sacar el carbón del horno, durante la quema de la leña permanecen cerradas herméticamente. Constan de cuatro pequeñas chimeneas hechas de metal, éstas tienen una tapadera que se sube y se ata con un hilo, el hilo va conectado desde la tapadera de la chimenea hasta el suelo del horno por un conducto. Una vez que el horno está listo, colocamos la materia prima de forma ordenada, cuando está lleno se pone la puerta y se colocan las planchas de metal que conforman el techo, y antes de situar la última se mete fuego a la leña. El hecho de que las chimeneas estén abiertas querrá decir que la leña aún no está quemada. Cuando la tapadera de la chimenea esté bajada quiere decir que el leño al que la cuerda estaba atada desde arriba ya se ha quemado. Esto sirve para saber por dónde va quemándose la leña, y cuándo ha terminado de quemarse todo y esa leña se ha convertido en carbón. La chimenea cerrada indica que el carbón está quemado. Una vez listo el carbón, hay que sacarlo del horno para que se enfríe y posteriormente envasarlo. En muchas ocasiones hay que echar agua para sofocar el fuego que sigue vive cuando se abre el horno. Será otra vez el tractor el que lo saque y lo extienda sobre una superficie plana para dejarlo enfriar. Cuando el carbón está frío, se recoge con una pala y se deposita en la envasadora para introducirlo en los sacos. La envasadora de forma mecánica va a separar el carbón de la carbonilla, se denomina así al carbón en polvo muy menudo, con esta materia se elaboran las briquetas, una especie de pastillas que se exportan sobre todo al extranjero. Una vez embasado en sacos el carbón está preparado para su venta.

La mayoría de los carboneros son herederos de este oficio ancestral. Seis de cada diez empresas del sector se ubican en el suroeste de Extremadura; Zahínos es la localidad que más compañías concentra. Es una tradición que ha pasado de padres a hijos y que aún se conserva en algunos pueblos, pero que los carboneros saben que no seguirá en muchas generaciones más.

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